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La Vida Espiritual

La Vida Espiritual

M. María de los Ángeles Sorazu

La felicidad del alma consiste en reproducir en sí misma la vida de Jesús.
Identificarse con Jesucristo, establecerse en Él apoderándose de su vida divina, que toda entera pasa al alma.
«El que tenga sed que venga a beber de balde del agua de la vida». Como si dijera: que ninguno se excuse de responder a mi anhelo de unión con él. El que quiera de verdad santificarse tome del agua de la vida, no una vez, sino continuamente y sin limitación, hasta que adquiera toda la vida divina que reclama su capacidad. En esto consiste la santidad, de cuya vida soy Yo el manantial.

Sor María de los Ángeles Sorazu Aizpurua, nació el 22 de febrero de 1873, en Zumaya (Guipúzcoa).
Bautizada al día siguiente, recibió el nombre de Florencia.
Desde su infancia fue dotada de especial sensibilidad para percibir las realidades divinas. El 26 de agosto de 1891 entró en el Monasterio de La Concepción (Valladolid), de monjas Concepcionistas Franciscanas, emitiendo su profesión el día 6 de octubre de 1892. Servirá a la Comunidad en el cargo de abadesa durante muchos años, favoreciendo notablemente el crecimiento espiritual y material de la misma.
Transformada progresivamente por la gracia de Dios se adentró en la vida mística atravesando cada una de las etapas hasta consumar el matrimonio espiritual, el 11 de junio de 1911. Escribió una extensa obra literaria gracias a la cual nos es posible conocer su itinerario místico.
El día de Resurrección de 1921 dijo a la Madre Vicaria, sor Presentación: “Creo que mi muerte está muy próxima. He sido llamada a una unión tan divina con el Espíritu Santo que es imposible se realice en esta vida”. Su muerte, y con ella la anhelada unión, tenia lugar el 28 de agosto de 1921.
Gozando de notable fama de santidad desde el primer momento, su proceso de beatificación se puso en marcha el 20 de febrero de 1979, abriéndose oficialmente el 24 de octubre de 1983

Memoria honrosa de un Caballero

Memoria honrosa de un Caballero

Varios autores

El 24 de febrero de 2017 se cumplió el V Centenario del nacimiento en Módena (Italia) de Jacobo Gratij (1517-1619). Más conocido como el Caballero de Gracia, vivió la mitad de sus 102 años en Madrid, donde dejó un ancho surco de obras y fundaciones, varias de las cuales siguen plenamente operativas al cabo de más de cuatro siglos.
Con ocasión de tan redondo aniversario, entre los diversos actos organizados en su honor por el Real Oratorio del Caballero de Gracia se contó una serie de doce conferencias, que enmarcaron y ennoblecieron académicamente los actos del V Centenario. Su resultado es la publicación de esta Memoria honrosa de un Caballero.
Catedráticos y profesores de cinco universidades españolas abordan los muy diversos contextos en que se desarrolló la vida del homenajeado, tanto sociales como históricos, literarios, políticos o religiosos. Estos estudios, de seguro, contribuyen y contribuirán a un más hondo y cabal conocimiento de su figura, que el frenesí del romanticismo del siglo XIX intentó malamente distorsionar. De ahí lo de Memoria honrosa ‒a la par que honrada‒ de un Caballero.

breve CV del autor

Josefina

Josefina

Padre Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

El Padre Gracián en Peregrinación de Anastasio escribe: «Josefina, de las excelencias del glorioso San José, ha hecho este libro mucho fruto para los espíritus, porque declara el espíritu de este Santo, para acrecentar su devoción, y para muchos predicadores que han tomado materia para predicar sus alabanzas»

Su estancia en Roma da lugar a la génesis de esta obra dedicada a profundizar en el conocimiento de San José. Hace poco que ha sido liberado del cautiverio de los turcos y sigue con deseos de ser carmelita descalzo. Corre el año 1596, es la fiesta de Santa Catalina, y Jerónimo Gracián se encuentra en conversación con el Maestro del Palacio Sacro. Mientras dialogan llegan dos carpinteros que son los mayordomos de la cofradía de San José. Quieren publicar un libro de alabanzas y oraciones a su santo patrón, San José. El Maestro les niega el permiso y lloran. Sus deseos no se ven colmados. Se van tristes y llorosos. Este llanto de dos carpinteros devotos de San José emociona al Maestro del Palacio y al P. Gracián. Entre esas lágrimas y los sentimientos que producen se gesta Josefina. El Maestro pide al P. Jerónimo Gracián que sea él el que prepare y publique ese libro.
El P. Gracián acepta con gran alegría dicha invitación. Para él es una señal clara de que Dios no le abandona y le pone como compañero de camino en su vida al glorioso patriarca San José.
El año 2020 es muy especial, porque se cumple el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Católica. Así lo declaró el Papa Pío IX en 1870 y con este motivo el Papa Francisco ha declarado un año jubilar dedicado a San José y nos ha dedicado la carta apostólica, Patris Corde (Corazón de Padre), para saber aprovechar bien las gracias que se pueden alcanzar.

Jerónimo Gracián Dantisco o Jerónimo de la Madre de Dios. Valladolid, 6.VI.1545 – Bruselas (Bélgica), 21.IX.1614. Primer provincial de la Descalcez Carmelitana (OCD) y polígrafo.
Hijo de Diego Gracián de Alderete, que fue secretario de Carlos V y de Felipe II, y de Juana, hija natural de Juan Flaxbinder de Danzig, embajador de Segismundo I de Polonia en la Corte española, más tarde obispo de Culn y Warmia.
En la Universidad comenzó el curso de Artes, sin dejar el Griego. Durante el estudio de la Lógica, a los dieciséis años iba a entrar en los jesuitas. Al terminar el tercer curso se hizo “bachillar en Artes” (12 de junio de 1563), y al año siguiente “maestro en Artes”.
Comenzó el estudio de la Teología en la misma Universidad el año 1564-1565. El 17 de diciembre de 1569 se ordenó de diácono y el 25 de marzo de 1570 se ordenó de sacerdote.
No le faltaron tribulaciones en el año de noviciado, regido por un maestro de novicios anormal, “que estuve, como él mismo refiere, a punto de dejar el hábito y no profesar”. Priora de las descalzas de Pastrana era entonces la famosa Isabel de Santo Domingo, que le animaba y consolaba eficazmente. Finalmente, profesó el 25 de abril de 1573.