Memoria de veintisiete días

Memoria de veintisiete días

Carlos García Mauriño Longoria

Al iniciarse el 17 de julio de 1936 el Alzamiento Nacional, vivía con su familia en Ronda (Málaga), cuyo Registro de la Propiedad servía desde mayo de 1932. Consciente desde el primer momento de la trascendencia histórica y personal de los acontecimiento que se iniciaban, fue anotando con sorprendente meticulosidad todo cuanto veía y oía de lo que estaba pasando.

Este precio no es el valor del libro, sino el coste del lmacenamiento y manipulado, porque la Familia del autor desea expresamente que el libro no tenga valor comercial, pues consideran que es un legado para la humanidad.

Su relato detallado, coherente, preciso como un testimonio notarial, quedó plasmado con letra firme y segura, prácticamente sin correcciones, en 541 cuartillas cuidadosamente numeradas, manuscritas con pluma estilográfica por una sola cara. En él se refieren los dramáticos acontecimientos vividos por la familia, su aislamiento, práctica reclusión obligada en las estancias y patios de su casa andaluza, su conocimiento de lo que fuera sucedía gracias a lo vislumbrado a través de los cierros de sus ventanas, de las noticias casi siempre trágicas recibidas de boca de sirvientes y amigos, y de la radio, de la que tan pendiente está el autor desde el principio al fin de la historia. Aparecen también, los que habían de ser sus verdugos, identificables genéricamente por sus siglas, eslóganes y banderas. Y por encima de todo, los pensamientos que, ante la inminencia de una temprana muerte presentida, dedica el autor desde lo más profundo de sus creencias, a su Dios, a su Patria y a su Familia. La actual edición (hubo otra por los años 40 de cien ejemplares destinados exclusivamente a la familia) pretende dar a conocer todo ello, y sobre todo su ejemplo en la vida y en la muerte a su creciente descendencia, y a cuantos allegados puedan tener interés en el tema. Por otra parte, la familia piensa que, en momentos que tan sectariamente se falsea la historia, no es ocioso recordar la verdad de lo acontecido, tal como queda escrito por su autor, y grabado indeleblemente en la memoria de los que le sobrevivieron.

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